sábado

El Plan Cósmico.



El Plan Cósmico.

Colocando el equipaje en la furgoneta sin olvidarse del equipo de buceo, 
sin olvidarse las gafas de sol.
Corriendo de tienda en tienda, en busca del protector solar adecuado, 
en busca del antimosquitos.
Con visados en la mano, con certificados de vacunación.
Con sonrisa en su boca, con ímpetu, con vitalidad, con incertidumbre.
Con el depósito lleno de diésel, las ruedas en la presión adecuada y 
los niveles de aceite y líquido de frenos a punto. Con agua en el maletero, 
mucha agua.
Camisas hawaianas, pantalones cortos, reproductor de mp4 animando 
con One Love de Bob Marley.
Un viaje que comienza.

Colocando el equipaje encima del burro, sin olvidar provisiones de comida, 
sin olvidarse del abrigo contra el frío.
Corriendo de aldea en aldea, de pueblo en pueblo, en busca de documentos, 
direcciones y un especialista en cruzar fronteras.
Sin visados en la mano, sin nombre, ni instrucción profesional.
Con lágrimas en los ojos se despide, con miedo, con tristeza.
El viejo burro lleva días alimentándose más de la cuenta, aun no sabe 
por qué lleva una carga tan grande. Aun no sabe por qué carga agua, mucha agua.
Ropajes de algodón, pañuelos para la cabeza. Su familia unida, 
buscando un rayo, buscando esperanza, le anima.
Un viaje que comienza.

Antonio de Padua conduce su furgoneta.
Antonio va en busca de la aventura.
Eleggua camina al lado de su burro.
Eleggua va en busca de la aventura.
Él y Ella buscan libertad en pastos más verdes.
Él y Ella buscan vivir y experimentar.
Antonio que lo tiene todo, no tiene nada.
Eleggua que no tiene nada, lo tiene todo.
A Antonio algo le molesta pero no sabe qué.
A Eleggua le duele el alma porque su pueblo está muriendo.
A Antonio no le gusta la ciudad, los bloques, las calles, los coches, 
lo sucio, lo falso, lo controlado, los disfraces, las vidas perfectas ni las apariencias.
A Eleggua le gusta su pueblo y su casa, la naturaleza, los animales, 
su hermosa familia, la armonía, amar, vivir, ser uno mismo.
La ciudad de Antonio ha sido tomada. El pueblo de Eleggua también.
Gobiernos, empresas, militares y guerrillas parecen tener un plan cósmico 
para reunirlos a todos en ciudades y sacarlos del pueblo. Los dioses 
parecen formar parte del plan. Pudiera ser que el dios de la lluvia estuviera 
implicado en quitarle la riqueza al pueblo de Eleggua. Pudiera ser que el 
dios del dinero estuviera implicado en quitar la integridad, humanidad, 
sentimientos, a la ciudad de Antonio.

En algún lugar del mundo la furgoneta de Antonio de Padua se para.
Es el mismo lugar que ha escogido el burro de Eleggua para descansar.
Ese lugar es el Estrecho de Gibraltar.

Si Antonio encontrara a Eleggua se sorprendería. 
Ella va a la ciudad de la que él escapa.
Si Eleggua encontrara a Antonio se sorprendería, 
Él va al pueblo del que ella escapa.
Si se encontraran hablarían un rato, con señales, 
con palabras inventadas, con gestos corporales y 
con el más bello de todos, el lenguaje del amor. 
Se entenderían. Y después de un tiempo, abrazados en la cama 
de un cuarto de hotel barato, rodeados de mosquitos 
y un incesante calor, descubrirían que el viaje ha acabado, 
que sus corazones se encuentran y los caminos se cruzan. 
Que han llegado a su destino. 
Que ambos son víctimas y ambos son héroes. 
Que han logrado escapar del papeleo que los encierra en países, 
que les da bandera, ideología y patriotismo. 
Que la lucha ha valido la pena. Que han escapado del plan cósmico 
y de los dioses y que el amor, su amor, el amor que cada uno 
tiene por el otro, lo puede todo.

Desafortunadamente ese día, Antonio toma cerveza en un bar 
y Eleggua agua en la calle. 


Image and video hosting by TinyPic

Image and video hosting by TinyPic

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada